El Beso
Un beso.
Solo un pecado cometí en mi vida del que no me arrepentiré nunca. Por más mal que este.
Él, el chico atlético e intelectual, guapo y prohibido.
Desde que tengo memoria estuve enamorada de Jerónimo, el chico de al lado, era mi perfecta mitad, todo lo que yo no soy, lo era él. Nos gustaba estudiar, queríamos ser abogados, nos gustaba la misma música. Pero llegamos a la secundaria con una amistad que poco a poco se iba vistiendo de algo más fuerte, la pasión. Pero nunca ninguno de los dos dimos el primer paso. Hasta que fue demasiado tarde.
Pero mi mundo se puso de cabeza un día de noviembre. Aun recuerdo ese día perfectamente, el llego en su moto, con su chaqueta negra, y me sonrió ya que me venía a buscar por encargo de mis padres. Pero justo ahí lo vio ella, mi mejor amiga, la chica más popular del instituto, que inmediatamente puso sus ojos en el. Quise gritar allí mismo que él me pertenecía, que él era mío y solo mío. Pero no lo hice. Me quede callada. Mis malditos ideales son los culpables de que yo no sea capaz de reclamarlo como mío. Para siempre.
Al contrario fui yo quien los unió. Mis ideales y todo aquello que mandaba mi vida me lo prohibió, me costó con toda el alma, pero lo hice.
Muchos años después me encuentro aquí. Escribiendo mis memorias. Bueno, algunas de las cosas más importantes que ocurrieron en mi vida. Sé que para muchos serán insignificantes pero para mí lo son todo. Son mi vida.
Bueno, seguí siendo la amiga de los “noviecillos”, que luego de unos años se casaron cuando Jero se recibió de abogado. Entro a trabajar en un bufete que da la casualidad que trabajaba yo allí.
Como compañeros de trabajo nos seguimos hablando por algún tiempo, antes de que nos mandaran juntos a una reunión de trabajo fuera del país.
Allí teníamos nuestros cuartos separados, contiguos y básicos para la única noche que pasaríamos allí.
Teníamos que hacer un contrato de separación millonario que si tenía éxito nos ascenderían, tendríamos secretarios y nos subirían el sueldo. Horas después nos dan la buena noticia que todo salió bien, así que íbamos a ir a tomar unas copas entre él y otro compañero, al bar del hotel. Tomamos mucho, lamentándonos de las cosas que no pudimos cumplir de nuestras vidas, los recuerdos de nuestra infancia juntos.
Cuando acabamos estábamos bastantes borrachos pero conservábamos nuestros sentidos intactos. Al subir la escalera necesitamos ayuda, pero justo a nuestro compañero, Juan, lo llamo su esposa urgentemente, por lo que me quede con Jerónimo para que nos ayudáramos mutuamente a subir.
Una chispa salto. Algo muy viejo y tan profundo como el mar. Una marea calma que de repente se hace tormentosa. Todo esto ocasionado por el casual roce de nuestros cuerpos calientes al caminar.
Al llegar a mi puerta me tomo cálidamente de la mano, así me di cuenta que no tan solo yo sintió esa conexión que me derritió por dentro.
Nos acercamos más y más. Hasta que el no pudo retenerse y bruscamente me agarro de mi cabello para atraerme hacia sí, y tapar con sus labios inquietos mis palabras que brotaban incoherentes.
No fue largo. Pero si ardiente, maravilloso, nos olvidamos de todo, apasionado. El roce de nuestros labios, sus manos ansiosas recorriendo mi cuerpo por encima de mi ropa. Y yo. Jugando con su pelo, sintiendo bajo mis palmas sus músculos, el calor que irradiaba. Pero un segundo me basto para que el sentido común accediera a mis pensamientos y murmurara: “Paula”. Él paro inmediatamente, acordándose de su esposa y sus hijos que lo esperaban en casa. Me miro esperanzado, con sus hermosos ojos negros, casi pude leer lo que pensó, de que yo le digiera que no importaba, que se separara de su mujer para vivir lo nuestro. Pero yo le negué con la cabeza. No podía hacerle eso a los niños, sus hijos, separar a sus padres, arruinar la relación. Me miro con rabia apenas contenida, para luego darse la vuelta y entrar a su dormitorio con un portazo.
Solo fue un beso, no es para tanto pensaran, pero para mí fue mucho. Fue como una tormenta, en solo unos instantes te hace apagar todo pero cuando se va solo queda el silencio.
Es y siempre será un recuerdo que nunca olvidare, cuando bese a otro lo comparare con ese beso, único e irrepetible.
Esto es para que nunca me olvide de ese mágico momento por el que espere y recordé toda mi existencia. Ahora con mi mente apenas lucida escribo esto para que mi historia quede en la memoria de alguien aunque esté no me conozca. Mientras el Alzheimer me consume poco a poco dejo mi huella apenas marcada en este triste papel en blanco.
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Comentarios:
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15/01/2012
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VMONTEMAYOR
Hace 490 días
Un recuerdo muy romantico que no deberia terminar con una nota triste.
Genoveva
Hace 490 días
Cielo gris , un relato muy triste, pero es mejor quedarse uno con los recuerdos, aunque la mente quede en blanco, un final inesperado. muy bueno
Genoveva.
Javier
Hace 490 días
Hola “cielo gris”, aquí “búfalo que se revuelca”. Perdona pero es que no he podido evitarlo. De repente me acordé de la película “Pequeño gran hombre”, ¿la has visto?, y me ha sonado a nombre indio. De Elii, ya no digo nada. El relato está muy bien contado desde el comienzo, y tiene la virtud de suscitar el deseo de llegar al desenlace. Dicho esto, debo decirte lo otro: Elii, le faltan bastantes acentos, incluso hay una palabra “digiera” que está mal escrita. Todo es corregible, pero de verdad que para ser el primero, a mí al menos, me ha dejado el deseo de que no sea el último. Enhorabuena.
Iba a despedirme con eso de “un beso”, pero ignoro si Elii es el diminutivo de Elías. Si así fuese, no te ofendas pero déjalo en un abrazo. Y si eres chica, coge uno de cada.
Montse Acevedo
Hace 490 días
Recordar es vivir de nuevo. Esperemos que la enfermedad, al menos no le quite ese bello recuerdo.
Un saludo
espelina
Hace 490 días
Muy bonito relato y escrito con buen ritmo. Te diría como Javier que repases los acentos y alguna pequeña falta porque el texto lo merece y quedará mejor.
Me ha gustado su sensibilidad. Un saludo.