BIENVENIDO
Pedrito llegó al mundo casi por casualidad, cuando ya no lo esperaban. Sus padres, cercanos a los cuarenta, tanían dos hijos Felipe de dieciocho y Marta de dieciséis años.
Sus vidas transcurrían con el ajetreo propio de sus trabajos; ella era maestra y él, empleado de Banca. Los dos estaban muchas horas fuera de casa y los chicos ya se valían solos para sacar algo del congelador, o usar el microondas, si ellos no podían atenderlos a la hora de la comida.
Para Marta y Felipe fue todo un acontecimiento y al principio lo trataban como a un juguete, incluso se peleaban por darle el biberón o cambiarle los pañales.
Sus padres dijeron adiós al crucero por el Mediterraneo que pensaban hacer el próximo año. Adiós al coche nuevo; ahora tendrían que conformarse con uno de segunda o tercera mano, pero con maletero y espacio suficiente para llevar: cochecito, sillita homologada, esa enorme bolsa llena de pañales y todo lo inimaginable, pero necesario para el bebé.
Lo que al principio fue una novedad, se convirtió en una molestia a medida que Pedrito crecía.
Ya no podían salir por la noche con sus amigos, porque sus hijos mayores no querían quedarse a cuidarlo y era dificil encontar una niñera responsable, a menos que le pagaran casi medio sueldo de los suyos, solo por una o dos noches a la semana.
Fue creciendo como una obligación impuesta, que a la menor oportunidad, dejaban aparcado en casa de algún vecino o amigo. A veces durante una semana.
Le decían que lo querían, pero el niño no recordaba de su familia, ni abrazos, ni besos, ni caricias, como veía que le hacían las otras madres a sus hijos, cuando iban a recogerlos al colegio. A Pedrito casi siempre lo recogía su vecina, que tenía un niño en la misma clase y estaban en su casa toda la tarde hasta que llegaba su madre por él; casi a la hora de cenar, bañarlo y acostarlo.
Y su padre que trabajaba en un banco, no llegaba antes de las nueve de la noche…
Poco a poco, su carácter se fue haciendo introvertido.
Ya algo mayor, intentaba comentar sus inquietudes e integrarse en las escasas conversaciones familiares, pero ignoraban sus opiniones, ni siquiera le contestaban y se sentía invisible.
El interés de sus progenitores por sus estudios, era solo el indispensable, aunque él siempre tenía buenas notas; en el fondo, esperando una recompensa en forma de aprobación y cariño. Al ir pasando de curso en curso, se dio cuenta de que eso no llegaría nunca, por muchos sobresalientes que consiguiera.
Sus hermanos tampoco fueron nunca sus confidentes, ni sus compinches, como lo eran los hermanos mayores de sus pocos amigos. Pensaban que les distanciaba una generación y no tenían mucho que decirse.
Su adolescencia y su juventud, pasaron de puntillas, igual que su niñez.
El no había pedido nacer y no estaba en el mundo por generación espontánea, aunque sentía que su existencia había venido a trastocar la vida de su familia.
Con el paso del tiempo conoció a Mayca, una chica casi tan huérfana como él y después de un breve noviazgo, se convirtió en su esposa, compensándole con creces ese amor que nunca había recibido.
Pero, a pesar de todo, seguía sintiendo esa carencia fraternal.
Pedro cumplió veintiocho años hace unos días y está esperando ilusionado, en una habitación de Maternidad, la llegada de su primer hijo; lo que le trae a la cabeza todos los malos recuerdos de esa infancia y juventud, llenos de silencio.
Se frota las manos varias veces, cruje sus nudilos de una manera compulsiva. Se levanta y a los pocos minutos se vuelve a sentar. Mira al techo como esperando una respuesta, mientras su corazón se acelera.
Piensa que no debe desmoronarse en esos momentos: respira hondo, traga saliva y empieza a serenarse.
Al cabo de un rato, llegan sus padres a la habitación. Se saludan con la cortesía y la ausencia de cariño de siempre; con besos sin dueño, distraídos en el aire.
Se sientan frente a él y cruzan sus miradas, miradas culpables y silenciosas.
Pedro nota como flotan a su alrededor algunos mudos reproches, que le nublan los ojos por un momento. Lágrimas que con esfuerzo, él no deja caer.
De pronto traen a su mujer a la habitación y lleva puesta su mejor sonrisa, que es el preámbulo de lo que viene detrás: su hijo.
Se adelanta a cogerlo y, con exquisito cuidado lo pone en el regazo de Mayca, mientras le dice por lo bajito al oído: -bienvenido hijo mío, te estábamos esperando…
Debes identificarte o estar registrado para valorar una entrada.
Compartir en ..
Comentarios:
Debes identificarte o estar registrado para realizar un comentario.



28/04/2011
PDF
Maruja Rufes
Hace 754 días
Me ha gustado mucho, por desgracia debe haber muchos hijos que sientan la misma sensación que Pedrito, aunque yo no logre comprenderla. Un hijo es el regalo más maravilloso que te puede dar la vida…
Luego vienen los nietos, que vienen a refrescar toda la dicha que te llegó con los hijos…
Bueno, sé que es un comentario no aséptico, pero…es el que siento.
Me ha gustado mucho, aunque me produce mucha tristeza.
UN ABRAZO
MAR SOLANA
Hace 753 días
Precioso, espelina; me ha emocionado mucho, quizás porque los sentimientos de Pedrito son parecidos a los de todos los que han crecido algo “huérfanos” de su familia de sangre. Sin embargo, me encanta esa “Bienvenida” porque es ahí donde Pedrito descubre el sentido de su sufrimiento y quizás el significado de su existencia. Nació para esperar a su hijo…
Te he puntuado alto porque me encanta tu estilo sencillo y esa forma de involucrar al lector en los sentimientos que intentas transmitir. Escribes muy lindo y te felicito de corazón
Sigue así, compañera.
Destaco esta frase por su belleza casi poética: “… con besos sin dueño, distraídos en el aire.”
No dejes de escribir. Un abrazo.
Sindel
Hace 753 días
Que relato excelente!!!
Me hizo emocionar, y esa frase final me dejó sin palabras. La mejor manera de decir todo a sus padres, diciendo tan poco.
Realmente me llegó al alma. Gracias por compartirlo.
Un abrazo
Jasonia Glutinosa
Hace 753 días
Sencillo y tierno. Un placer. Felicidades!
Sólo dos pequeñas sugerencias:
Donde dices:
-con un exquisito cuidado… creo que queda mejor si la palabra “un”
- al crucero por el Mediterráneo, que pensaban hacer… creo que sobra la coma.
Beso.
Txeba
Hace 753 días
Me ha gustado tu relato espelina,me temo que esa falta de cariño ,es algo mas habitual de lo que creemos.Un saludo.
espelina
Hace 753 días
Gracias Maruja, Mar, Sindel, Txeba y Jasonia (tomo nota de su sugerencia y ya lo he arreglado). Sobre todo por leerlo y en especial si os ha gustado. Me animan mucho vuestros comentarios.
Besos a todos y nuevamente gracias mil…
mavegare
Hace 752 días
Me gustó mucho tu relato. Has expresado muy bien ese sentimiento de desamparo y desarraigo del protagonista. Un beso.
espelina
Hace 752 días
Gracias mavegare por tu comentario. De eso se trataba, la niñez, la soledad y el aislamiento. Por desgracia mas común de lo que creemos. Con compis así dá gusto crear cada escrito.
Un beso.
Lucas
Hace 752 días
Un cuento que es, ante todo y por encima de todo, una moraleja en estado puro. Un largo texto que discurre detallado y bien escrito. Enhorabuena.
Creo que le pesa el exceso de linealidad. Si te fijas en los buenos escritores de cuentos cortos, casi nadie escribe narrando en tiempo cronológico. Se empieza por un párrafo llamativo, sin prolegómenos, que enganche al lector, y después se van añadiendo aquí y allá los detalles que pudiéramos llamar estrictamente informativos. Ensáyalo y verás como queda bien.
jmespal
Hace 751 días
Me ha gustado mucho el desarrollo y el estilo del relato, muy limpio,se lee con muchísima fluidez y transmite a la perfección el desamparo y desarraigo del niño no deseado…pero…¿pueden existir padres así, que traen una vida al mundo y luego se mediodesentienden de ella?…en este sentido me ha chocado mucho el relato…es una crueldad, no?, me resisto a creerlo…tu relato me ha dado que pensar…
espelina
Hace 751 días
Gracias Jmespal por tu comentario siempre lleno de ánimo. El relato es un trabajo de ficción y el tema era la niñez, soledad y aislamiento. Por suerte yo no he vivido éso, pero algunos detalles son reales y los he conocido en otras personas. Dicen que la crueldad humana es lo único que da idea de lo infinito…. Un saludo y gracias por leerme.