Diario de una presunta maruja II
26 de Abril
Querido diario:
Hoy tengo dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que ayer se rompió la tele, y la mala es que no he conseguido convencer a mi familia de lo a gusto que podríamos pasar una temporadita sin ella.
Así que aquí estoy, rompiéndome los cuernos para elegir una. Ya me he estudiado de cabo a rabo los catálogos del Carrefour, del Idea y del Gigante de los electrodomésticos, que por cierto, es la más pequeña de las tres tiendas, y sigo sin repajolera idea de por cual decidirme. ¿Dónde coño habré puesto la revista de la OCU que analizaba con pelos y señales todos los modelos del mercado? Aunque, si mal no recuerdo, el análisis era de hace unos meses y esos aparatos evolucionan a la misma velocidad que el virus de la gripe. ¡Ah, sí, mírala!, era de suponer, ¡en el cuarto de baño!, entre los “Superhumores” de mi hijo y el último “tocho” que está leyendo mi marido: “Historia de las Religiones, los grandes cultos y creencias”, un bestseller, supongo…
En fin, a ver si ahora me entero de qué significan todos esos simbolitos que parecen jeroglíficos egipcios, porque a mí, esta vez, no me pasa lo mismo que con el equipo de música, que cuando el dependiente – por cierto, ahora que no me oye nadie, ¡como estaba el dependiente!-, terminó de explicarme las diferencias entre el Dolby Digital, el DTS surround, el Dolby Pro Logic y demás parentela en sus versiones analógica, digital, decodificada, envolvente…, tenía un mareo que ni que hubiera pasado la noche de marcha a base de “wiskyses” de garrafón, y lo único que fui capaz de decirle fue: ¡mira, guapo, si yo sólo quiero que se escuche bien la radio!
Así que vamos al lío. Por lo que veo, la decisión trascendental es LCD o plasma. Pito, pito, golorito…ay, espera, que aquí pone que el LCD consume un 20% menos que el plasma, pues nada, ¡LCD se ha dicho! Ahora el tamaño. Según esto, la diagonal de pantalla ideal, en pulgadas, es la que resulta de multiplicar la distancia de visión, en metros, por 13. Ufff… ¡esto parece el Teorema de Pitágoras! Mejor así, a palmos, ¡no me voy a poner ahora a buscar un metro! Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¡Ea, dos metros y medio! , palmo arriba palmo abajo, la ministra de Vivienda estaría orgullosa de mí. Según esto me sale una pantalla de 32 pulgadas, una caca, vaya, seré el hazmerreir del vecindario. Nada, nada, aquí, como en mi pueblo, “burro grande, ande o no ande”.
¡Anda, mira, que se me había "pasao” esta página! Según esto, “lo más de lo más” es la Tecnología LED. Cuestan un huevo y parte del otro, pero como son extraplanas, como las compresas, gano 10 centímetros y así me coge la de 40 pulgadas, y ¡coño, ya puestos hasta la de 46! Además seguro que ninguno de mis vecinos goza de esa tecnología punta. ¡hala!, pues ya está decidido, me he “ventilao” yo solita la paga extra de los próximos tres años, pero voy a ser la envidia del bloque. Por cierto, espero que las instrucciones vengan en castellano, aunque estoy pensando en decirle al técnico que venga a instalarla y, de paso, me alegro la vista…sea como sea, seguro que está mejor que cualquier programa de la tele…
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Comentarios:



26/04/2011
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Beatriz
Hace 757 días
Jajaja. Recuerdo cuando se rompió mi tele y fui capaz de no comprar otra. Parece mentira hoy en día, pero yo hace más de 7 años que no veo la televisión.
Un abrazo
Maruja Rufes
Hace 757 días
Un relato muy divertido e ingenioso, muy real… Me gusta mucho.
Un besito
Ramon Alcaraz Garcia
Hace 756 días
Je, je. Mordaz, y muy actual. Y cuando uno ha decidido por fin qué tele comprar, resulta que han salido al menos dos nuevas versiones más avanzadas y la tele que adquirimos como ultima tecnología llega a casa casi como una antigualla.
Divertido. Un abrazo
rosamol
Hace 755 días
Divertido tu texto y de tan real le salen rulos. Sencillamente genial. Un abrazo.
Lucas
Hace 754 días
Una nueva entrega de la saga. Ah, la doméstica realidad…
Tienes cuerda para rato, Jasonia; tu capacidad para extraer argumentos de lo cotidiano da para muchas páginas de este diario de la ¿solo presunta? maruja. Lo mejor, el lenguaje.